Amanda Proy
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Francisco Palma Matamala

Amanda Proy



Inocencia, 2016, Técnica mixta sobre cartulina de color, 60 x 90 cm.

Los niños encuentran la felicidad y la alegría de la vida incluso ante la adversidad. Son capaces de mostrarnos mediante una mirada o una sonrisa sus ganas de vivir, su humanidad, su naturalidad y su inocencia. Una inocencia llena de expresividad. Dan una respuesta honesta y espontánea a la vida. Por todo esto me inspiró en ellos, deberíamos de ser un poco más niños.

Francisco Palma Matamala



Lxs Perversxs Niñxs Salvajes, 2017, Xilografía, 70 x 100 cm.


La colonización no solo abarco los territorios invadidos, nuestros cuerpos fueron corregidos, nuestras mentes amaestradas, la colonización apuntó a mucho más que un genocidio de cuerpos, al exterminio de formas de vida, aquellas formas que si abogaban por la vida, considerando la cultura occidental como una negación del vivir en tanto reprime el instinto y la vitalidad, la imposición de la modernidad viene a ser un proceso muy extenso y cruel, sin embargo sus actores se resistirán hasta el día de hoy a estas imposiciones ya que no se constituirán en seres pasivos, la función civilizadora occidental es el exterminio y el despojo.

Podríamos pensar en la deconstrucción de lo colonial-hegemónico como un planteamiento dialectico, sin embargo el sustento de transgresión a lo moderno es la incorporación del “otro” y no el mero rechazo total, además de la proliferación de “otrxs”, fuera de la universalidad occidental.

La propuesta de la artista visual Amanda Proy nos plantea al niño como un ser alegre, natural e inocente, reapropiándome de ello es que tomo su imagen central para constituir el eurocentrismo en una especie de espejo. América Latina nos entrega una multiplicidad de paradigmas a descubrir invisibilizados por la colonialidad. Lo natural, producción de nuestras percepciones, plantea la inquietud por redireccionar una propuesta de la anomalía fuera del paradigma binario-racional, los “niños salvajes” como una unidad completa de complicidad, los perversos polimorfos, desvinculados de la asignaciones de género, o la tercera fase para asumir el übermensh, en la potencia del descubrir, del destruir, remiten a nuevas interpretaciones de la inocencia, lo lúdico, la violencia, el deseo polimorfo.

Sujetos a una construcción de genero heterocapitalista centrada en la figura masculina heterosexual como culmine del individuo, se margina otros cuerpos que se ven disminuidos y relegados a un segundo plano, el adultocentrismo genera niñxs despojados de herramientas y habilidades para defenderse en una sociedad del abuso. El concepto del niño producido por la modernidad, se ha construido en base a la dominación, la violencia, el niñx como potencia en la disidencia, o mejor aún indeterminación de género en los cuerpos que no quieren asumir una dirección definida del deseo, el descubrimiento como acto destructivo/constructivo, la delincuencia como una sensibilidad, como una necesidad y un resentimiento. El resentimiento como potencia creativa nos habla de un sentir más allá del sentir, de volver a sentir, esta posibilidad va develando las formas de dominación confrontadas a la visibilidad del abuso, sentir como pasión, no solo desde el plano contemplativo, si no que, de esta re-existencia a través de la desobediencia de la norma y la posibilidad de alternativas, sin caer en caricaturizaciones.

Se hace necesario establecer agenciamientos que permitan la deconstrucción, sería inviable sostener una crítica en el mismo sistema platónico de idealizaciones occidentales de un deber ser, sin una tensión permanente de alternativas teórico practicas constituidas en un todo cotidiano que confronte (y no solo se resista) a la dominación.

Ya sabemos que la Razón nos lleva a Auschwitz o peor aún a la conquista de América.

Amanda Proy (España, 1990). Baso mi creación artística en dos campos: en el pictórico, intento expresar mediantelo matérico, texturas poderosas a través del color, el gesto, empastes y decapados. Desarrollo un trabajo de experimentación con los materiales, híbrido de distintasdisciplinas y soportes. Me encanta mezclar diferentes procedimientos de grabado y estampación, como las litografías y serigrafías. Además me gusta jugar con técnicas impredecibles como la incompatibilidad de medios.

Francisco Palma Matamala (Chile, 1990). Grabador y estudiante de sociología, integrante de taller Falucho 41 y la Asociación de grabadores del Bíobio. Su trabajo se centra en un dialogo entre las disciplinas creativas, científicas y político-filosóficas principalmente con orientaciones deconstructivas o destructivas enfocadas tanto en la representación individual como la gráfica más panfletaria. Todo esto vinculado a temáticas de género, violencia, política y lo onírico desde un contexto local. “Lo que me interesa tratar es la anomalía. Es decir trascender la posición del “otro” construido en el binario racional europeo. En consecuencia devenir aquellas singularidades particulares que escapan al control”. Actualmente participa en diversas iniciativas desde proyectos colectivos e individuales de creación como revistas de grabado, artes y política.

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